La patente de la flecha

Escena de caza en la Cueva de los caballos de La Valltorta

La primera cultura de humanos modernos en Europa data de hace unos 38000 años y se conoce como Auriñaciense. Estos primeros homo-sapiens europeos llegaron a una tierra que ya estaba habitada por otra especie de humanos, el hombre de Neanderthal. Los neandertales tenían una fortísima constitución, podían llegar a pesar 100kg mientras que la estatura media de los fósiles encontrados es de 1,70 en hombres y 1,60 en las mujeres, sus huesos eran más robustos que los del homo sapiens y las inserciones musculares están más marcadas.

La constitución de los auriñacienses era diferente, con caderas y tronco más estrechos pero igualmente eran muy fuertes. El paleontólogo Steven Churchill estudió el húmero de uno de estos hombres, procedente de un yacimiento alemán y destacó su gran robustez, que podría competir con la de un húmero neanderthal.

La explicación para esta extraordinaria corpulencia se encuentra en los hábitos de caza. La tecnología auriñaciense solo permitía dar caza a las presas a corta a distancia. Las armas utilizadas eran lanzas o azagayas de madera con puntas de piedra o hueso, que precisarían de un brazo muy potente para ser lanzadas.

Sin embargo, el esqueleto de los homo sapiens europeos se fue haciendo más ligero en los siguientes milenios. La causa de este cambio en la constitución fue una revolución tecnológica: La aparición del propulsor y probablemente del arco y la flecha.

El propulsor consiste en una barra corta que termina en una muesca donde se coloca la base del venablo, mientras el otro extremo es sujetado con la mano. En la práctica funciona como una prolongación del brazo, lo que aumenta la potencia con la que se lanza. Se cree que este artilugio apareció hace 20.000 años, en una nueva cultura conocida como Solutrense. La flecha más antigua data de hace unos 11.000 años, aunque existen puntas solutrenses anteriores que algunos expertos interpretan como puntas de flechas.

Podemos imaginarnos el progreso que estos avances tecnológicos supusieron en el modo de vida del hombre prehistórico. Sin duda rompieron el equilibrio entre el hombre y sus presas, y muchos autores creen que por primera vez el hombre podría haber causado un impacto ecológico a gran escala. También en esta época se produce un desarrollo del arte e incluso los neandertales dejan de ser la especie dominante en Europa para ceder su puesto a los nuevos pobladores.

Sin embargo, imaginemos qué hubiera sucedido si los artesanos o grupos que primero dieron con estos ingenios hubieran decidido que eran demasiado valiosos para compartirlos, o hubieran pensado cobrar un parte de cada presa que un cazador abatiese con su invento. Seguramente al proponer esto el inventor no acabaría muy bien parado, o por lo menos se encontraría con el rechazo de muchos.

No quiero que esto se entienda mal, nunca he tenido deseos ni intención de aprovecharme del trabajo de los demás para obtener mi propio beneficio económico. La pregunta que con esta entrada quiero lanzar es, ¿hasta qué punto este comportamiento habría dificultado el acceso a esta tecnología y por lo tanto el progreso del ser humano? Tan válido como este ejemplo es el de cualquiera de los saltos tecnológicos que cambiaron la vida de las personas a lo largo de la historia. ¿Es el alfabeto un bien de que debe disfrutar toda la humanidad, o simplemente un ingenio del que obtener un rédito económico?

Sin duda la persona que inventa o desarrolla un avance científico o tecnológico tiene derecho a una remuneración económica por su trabajo que cubra los gastos en investigación y potencie la innovación y el desarrollo. Pero en manos de las grandes corporaciones modernas ese derecho genera un sistema que al contrario, dificulta el uso y limita el acceso de los conocimientos, las tecnologías, los medicamentos… Progresos tan importantes como son los tratamientos para enfermedades que cada año matan a millones de personas y que se pueden combatir como malaria, tuberculosis, chagas o sida. Otro tema polémico es el de las patentes sobre biología, cuya ética es por lo menos dudosa…

El problema no son las patentes en sí, sino el sistema que han generado. La situación se agrava dado que estas grandes empresas y corporaciones tienen capacidad de presionar a los gobiernos que podrían hacer algo para cambiar esta situación, o cuando en lugar de utilizar las patentes para impulsar la evolución tecnológica se convierten en un freno como es el caso de las guerras de patentes de las grandes empresas tecnológicas.

Con esta reflexión termino mi primera entrada, prometo ser más breve la próxima vez y agradezco críticas y opiniones. Un saludo!

(La fuente de los datos sobre prehistoria es “El collar del Neandertal” libro de divulgación de Juan Luis Arsuaga, codirector del proyecto Atapuerca, la foto es de este artículo de wikipedia)

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Publicado el 9 diciembre, 2011 en Miscelánea y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Muy interesante el debate que has abierto, Triskel! Mi opinión es que el afán por conseguir una remuneración prolongada en el tiempo a expensas de restringir el acceso de la población a mejoras, no tiene lógica, ni sentido común. Yo lo achaco al ansia de algunos humanos por tener más y más, porque está claro que en general hemos olvidado aquello de que la felicidad no es querer tener más, sino querer más lo que se tiene.

    Personalmente, si yo fuera capaz de inventar algo útil para el resto del planeta, esperaría algún aliciente puntual que pagara mi esfuerzo con bienes básicos (algo que incentivara la creatividad o la investigación, o que evitara que la gente con ideas se muriera de hambre), pero no se me ocurriría explotarlo para beneficio propio hasta el punto de que la utilidad del invento se perdiera para una gran mayoría de la población. Y esto lo hago extensible a los libros, música, películas, teatro y cualquier otro arte que se nos ocurra, porque tanto el arte como las mejoras científico-tecnológicas o en materia de salud, dejan de tener razón de ser si no se comparten.

    Esto es lo que opino yo… pero cada cual es un mundo!

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